Padre Ladislao María Tudela

Bueno, mi nombre de pila es Juan Bautista María del Rosario. A la vida religiosa entramos con el nombre de bautismo, pero como algo simbólico de renuncia a todo por la religión se deja el nombre y se toma uno propio en la religión.
Mi nombre fue cambiado por el de Ladislao María Tudela
Canovas.
Nací el 7 de octubre de 1922 en Totana, Murcia, Provincia de
España.
En la vida religiosa se hace lo que los superiores te ordenan. Así que aunque yo la primera misa la celebré en julio de 1949, me embarqué en Barcelona en noviembre del mismo año. Era un barco a motor con destino a Colombia, a la ciudad de Barranquilla. El viaje duró casi un mes. Como había muchos pasa- jeros a bordo estuve distraído, incluso había religiosos de otras comunidades y también otros capuchinos que iban con destino a Ecuador.
Llegué a Barranquilla y permanecí ahí por dos días. Nos em- barcaron en avión a Bogotá y llegamos como el cinco o seis de diciembre. Tuve que estudiar en la Universidad Javeriana Eclesiás- tica de los jesuitas por un año que me faltaba. Después fui a Cartagena y, junto con el padre Eligio, que lo conoce mucha gen- te en Providencia, nos tocó viajar en la goleta Silvia de los Gallar- do. Era muy reducida, y como para mí era la primera vez que montaba, pues la veía más reducida aún.
Con el percance que después de un día de navegación nos cruzamos con otra goleta de vela que también había salido de Cartagena antes que nosotros y con un grupo de estudiantes jó- venes damas que venían de vacaciones a casa; cuyos marineros tuvieron que echar por la borda todo el cemento y las gaseosas para aligerar el peso. Se pensó en trasladar las niñas a nuestra goleta; el mar estaba muy agitado; continuaron con todo el des- cargo de peso que pudieron para que no hiciese más agua y la goleta nuestra siguió su rumbo a San Andrés. Las damitas llegaron y se fueron a sus casas con sus mamás, que las estaban esperando.
Nosotros llegamos a la misión nuestra, que es donde viven las hermanas ahora, en la Sagrada Familia. La madre Clotilde estaba en el año 49. Yo llegué a la Misión en diciembre de ese año.
Después ya me esperaban en el muellecito que tenía la Misión ahí en el patio; estaba hecho de tablones sobre trozos de tronco de palmera. Y ahí estaba Monseñor Eugenio de Carcagente, el primer Prefecto Apostólico de San Andrés que ha habido. Él cons- truyó el colegio, todo en madera, y luego la catedral.
Nunca conocí la hechura de esas embarcaciones (las goletas). Cuando llegué al muellecito que teníamos en la Misión, Eugenio

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